En el transcurso de tu carrera profesional, es probable que te enfrentes a dos formas de bienestar: el intermitente y el inteligente.
El bienestar intermitente se asemeja a esos propósitos de año nuevo que, aunque al principio parecen prometedores, rápidamente se olvidan; realizás alguna actividad que te brinda satisfacción efímera, pero con el tiempo, esa práctica se desvanece y no lográs mantenerla en tu rutina.
Por otro lado, el bienestar inteligente se distingue por su permanencia y profundidad. Este tipo de bienestar implica tomar decisiones conscientes y reflexionar sobre cómo estas elecciones afectan tus emociones y tu vida diaria.
En última instancia, todo se reduce a un deseo genuino de alcanzar un estado de bienestar y a la voluntad de actuar de manera coherente con ese objetivo.